Existe un mito persistente en la industria manufacturera: que la impresión 3D metálica siempre es más costosa que el maquinado tradicional. Si bien esto puede ser cierto para piezas simples y de alto volumen, la ecuación cambia drásticamente cuando entra en juego la complejidad. En diseños intrincados, la manufactura aditiva puede resultar no solo más rápida, sino también más económica.
El maquinado de geometrías complejas suele requerir múltiples montajes, herramentales especializados y fijaciones personalizadas, lo que incrementa el costo total. Además, las piezas intrincadas pueden necesitar procesos como EDM o maquinado de 5 ejes, lo que eleva aún más los tiempos y la mano de obra. En contraste, la manufactura aditiva metálica maneja la complejidad con gran facilidad. Características como canales internos, geometrías orgánicas o estructuras lattice pueden integrarse directamente en la pieza sin costos ni pasos adicionales.
Otra ventaja económica clave es la consolidación de partes. En lugar de mecanizar y ensamblar una docena de componentes, la AM permite a los ingenieros fabricarlos como una sola unidad, reduciendo desperdicio de material, tiempo de ensamble y posibles puntos de falla. Esto resulta especialmente beneficioso en producciones de volumen bajo a medio, o en manufactura bajo demanda donde los tiempos de entrega son críticos.
En industrias como la aeroespacial, médica y energética, estos ahorros no son solo financieros, sino estratégicos. Los ingenieros pueden iterar, probar y lanzar soluciones rápidamente sin esperar semanas por herramentales o disponibilidad de CNC. Así que, aunque es cierto que los materiales y equipos de AM tienen un costo elevado, la propuesta de valor total para piezas complejas suele hacer de la impresión 3D la opción más inteligente, rápida y, en muchos casos, más económica.