En la manufactura aditiva metálica, la elección del espesor de capa desempeña un papel clave para equilibrar productividad, resolución e integridad del material. Aunque puede parecer un parámetro menor, impacta directamente en la calidad, eficiencia y procesabilidad posterior de la pieza impresa. Capas más gruesas (por ejemplo, 60–90 µm) reducen significativamente los tiempos de construcción, pero suelen disminuir la resolución de detalle y pueden introducir mayor rugosidad superficial. En contraste, capas más delgadas (por ejemplo, 20–40 µm) ofrecen mayor nivel de detalle y mejor acabado superficial, pero incrementan la duración de la impresión y pueden aumentar el estrés residual.
El compromiso no siempre es sencillo. Las piezas funcionales con geometrías complejas, detalles finos o tolerancias ajustadas se benefician de capas más delgadas, especialmente en insertos de herramental o implantes médicos donde la precisión es crítica. Por otro lado, piezas industriales de mayor tamaño, como soportes o bastidores, pueden imprimirse con capas más gruesas sin comprometer su función, acelerando la producción y reduciendo costos.
También es importante considerar el material utilizado. Por ejemplo, las aleaciones de titanio pueden tolerar capas más gruesas manteniendo un nivel de detalle razonable, mientras que los aceros inoxidables pueden requerir capas más delgadas para evitar distorsión en bordes. Independientemente del material, la elección debe alinearse tanto con el propósito de la pieza como con los procesos de postprocesado posteriores (por ejemplo, CNC, pulido).
En última instancia, el espesor de capa óptimo no se trata de elegir siempre lo más fino o lo más rápido, sino de alinear la estrategia de impresión con los requerimientos funcionales. Las herramientas de simulación y los datos empíricos ayudan a identificar el punto óptimo para cada aplicación.
El diseño aditivo inteligente comienza con comprender tus capas. Cada micrón cuenta.