A medida que la impresión 3D metálica madura, también crece la demanda de aseguramiento de calidad en tiempo real. Una de las tecnologías más transformadoras en este ámbito es la tomografía óptica, un método no invasivo que captura las emisiones de luz durante la fusión láser para construir un mapa del proceso de impresión capa por capa. Esta imagen de alta velocidad permite a los ingenieros detectar porosidad, falta de fusión y otros defectos en el momento en que se generan, no solo después de que la pieza está terminada.
El concepto es simple pero poderoso: a medida que cada capa es fusionada por el láser, la luz emitida proporciona una “huella” de lo que sucede dentro del baño de fusión. Fotodiodos y cámaras capturan la intensidad de esta luz y la utilizan para crear mapas espaciales que señalan anomalías. Estos mapas revelan dónde el baño de fusión es inestable, dónde es probable que se atrapen gases o dónde la densidad de energía es insuficiente, condiciones que pueden derivar en defectos si no se corrigen.
Lo que hace especialmente valiosa a la tomografía óptica es su capacidad de habilitar retroalimentación en lazo cerrado. Si se detecta una anomalía a mitad de la construcción, la impresora puede ajustar automáticamente la velocidad de escaneo, la potencia del láser o los parámetros de trayectoria. Esta corrección en tiempo real reduce el scrap de piezas, minimiza los costos de inspección posteriores y mejora el rendimiento a la primera pasada.
En industrias altamente reguladas como la aeroespacial o la de dispositivos médicos, este nivel de control es esencial. Reduce la dependencia de pruebas destructivas y permite una trazabilidad completa de cada construcción. A medida que la manufactura aditiva escala hacia producción, la tomografía óptica no es solo una herramienta de calidad: es un habilitador de producción.